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  1. Mi reflexión en torno a este asunto En el contexto del movimiento feminista que ha ido tomado cuerpo desde hace algunos años y en especial a partir de la movilización del 8 de Marzo de 2020 en Europa, un debate y una división se ha planteado al interior del feminismo. Por una parte está el abolicionismo, movimiento que interpreta a Tanja Rahm, y que busca abolir la prostitución sobre la base del argumento que la mujer es víctima del poder ejercido por los hombres y su violencia machista. Considera el trabajo sexual como una explotación, en la que las mujeres que lo ejercen no deben reclamar derechos laborales, sino derechos humanos. Por su parte, el regulacionismo persigue dignificar la prostitución como un trabajo igual a cualquier otro, reconociendo que todos los trabajos son explotación en mayor o menor medida. Buscan la sindicalización, tener derechos laborales como cualquier otro trabajador. Lo paradójico es que ambas corrientes confluyen en el feminismo, pero no logran integrarse en un solo rio. Por el contrario, se separan como el agua y el aceite. En el decorado del debate subyace, además, la concepción social cristiana, que, desde la moral, demoniza la prostitución y la presenta en contradicción con el feminismo. Raya para la suma, para un movimiento ellas son victimas y para el otro son trabajadoras. En este debate, el foco abolicionista está en el cliente, la fuente de todos los males. El regulacionismo, por el contrario, reconoce la demanda como un hecho de la causa. Tiene salida este intríngulis moral?. Difícil se ve. Es el problema que se deriva del reduccionismo del debate: No existe el blanco y el negro sino una escala infinita de grises. En que podemos aportar quienes estamos del lado de la demanda?... Para resolver el conflicto al interior del feminismo, en poco o nada. El cliente tiene muchas caras y no soy yo el indicado para describirlas y erigirme en el predicador de este foro, apuntando con el dedo a personas que no conozco. Solo agregaría que el respeto a la dignidad de las mujeres no es sujeto de debate. En ese terreno cada cual tiene un estado de conciencia y responde por sus actos.
  2. señor @kamesenin gracias por su detallado y agudo análisis de estas dos visiones..
  3. Un punto de vista diferente es el de una escritora que ejerció la prostitución para escribir un libro. Emma Becker, quien asegura que de sus 31 años pasó dos ejerciendo la prostitución en los burdeles de Berlín Le Manège y La Maison (nombres ficticios). Que uno era el infierno y el otro un confortable centro de trabajo. Que uno de los dos lugares sigue abierto y que sigue habiendo fotos suyas desnuda en Internet. Que su nombre de guerra era Justine, como el personaje del Marqués de Sade. Que la experiencia la mejoró como persona y como mujer en lo emocional, en lo económico y en lo sexual. Que ganaba unos 4.000 euros al mes. Que más de un cliente la hizo llegar al orgasmo. Que alguno la agredió. Y que en el mundo de las putas, por desgracia, todo es lo que parece. Que cotizó a la seguridad social de Alemania, donde la prostitución es legal, a diferencia de Francia, donde es ilegal, y de España, donde es alegal. “Mi libro no es una apología de la prostitución”, insiste. “Es una apología de aquel lugar concreto y de un momento concreto de mi vida. La trata de mujeres es otra cosa bien distinta, y yo no la he conocido, pero debe de ser espantosa”. Pese a las búsquedas, nada de lo relativo a la historia personal de la francesa Emma Becker pudo ser confirmado por el periodista, que de una cosa sí da fe: de la fuerza literaria de La maison, una novela de 370 páginas cruda y emocionante publicada por la prestigiosa editorial Flammarion y encumbrada por los principales medios de su país. Tampoco han faltado los escépticos que creen que lo inventó todo. Ella jura que todo es verdad, más allá de las parcelas noveladas. Las dudas ante una experiencia literaria así son inevitables. Y el escepticismo, libre. ¿En qué momento se le ocurrió ejercer de prostituta con el fin de escribir un libro? Digamos que la cosa no vino de golpe, venía de lejos. Es que yo esto ya lo había hecho de joven, de estudiante. ¿Qué cosa? ¿Ejercer la prostitución? Sí, fueron algunas veces, más que nada para divertirme y para probarme. Estaba estudiando, vivía con mis abuelos, salía mucho, ya sabes cómo es París, y me encantaba disfrazarme de mujer deseable por los hombres. Y de repente, una noche, decides hacerlo. Decides pedir dinero por hacerlo. Siempre había tenido fantasmas en torno a eso. O sea, que con 20 años se convirtió en una call-girl… Sí, vaya, lo hice tres o cuatro veces, ¿eh?, no más. Pero, bueno, resulta que después, viviendo ya en Berlín, un día iba por la calle y vi un cartel en el que ponía “Club-Burdel”. Es que en Alemania las casas de putas están legalizadas y es un negocio que va viento en popa. Así que entré. Aquello plantó en mi cabeza la semilla de hacerlo un día y escribirlo. Contar cuáles son las reglas de un sitio así, cómo viven las chicas que trabajan ahí, todo eso. Aclaremos las cosas: ¿decidió meterse a prostituta para escribir un libro o ejerció de prostituta y luego se le ocurrió escribir un libro? No, lo que ocurrió fue que estaba acabando mi segunda novela [Alice] y ya estaba buscando tema para la tercera, pero no encontraba nada. Y cuando vi aquel burdel me dije: “Lo tienes, ahí puede haber un libro fantástico”. Pero además me dije: “Mientras lo escribes, podrás ganar dinero”. Tenía 25 años, era soltera, no tenía niños, era libre y tendría tiempo… y, bueno, he de decir que nunca he sido una persona muy trabajadora. La maison no es la primera incursión literaria de Emma Becker en el universo de las relaciones de sexo y dominación. Con unos más que precoces 22 años, su nombre ya adquirió popularidad de la mano de Monsieur, la historia de pasión sexual entre una joven de su edad y un hombre casado de 46 (en España fue publicada por Planeta). Poco después retomaría el tema en su segunda novela, Alice. ¿Cómo hizo para ser prostituta y escritora a la vez? Al principio, cuando estuve en Le Manège, aquel sitio espantoso, fui escribiendo en paralelo, a medida que me pasaban cosas. Luego, cuando pasé a La Maison, que era un lugar fantástico, el proceso cambió. Escribía solo cuando me venía la inspiración. Llegó un momento en el que estaba tan alucinada con la casa, con las chicas, con los clientes… que la escritura dejó de ser una prioridad. Uno diría, leyendo La maison, que el contraste entre esos dos burdeles —casi dos mundos— era uno de los ingredientes clave de la novela. ¿Lo cree así? Del todo. De hecho, si me hubiera quedado más tiempo en Le Manège, el libro no habría tenido nada que ver. Aquello era un matadero. Creo que solo empecé a hacer literatura cuando me fui. Mientras estuve allí escribí otra cosa, algo como más periodístico. Sí, en el libro coexisten las dos cosas: crónica periodística y ficción literaria… Así es. Cuando llegué al segundo burdel, a La Maison, empecé a hacer algo diferente. Era como una reflexión sobre la femineidad, como un ejercicio de introspección. Mientras que en el primero era algo más sociológico, aunque también muy naíf, porque hasta entonces no tenía ni idea de cómo era la vida en una casa de putas, ni el cansancio físico que te genera ese trabajo, ni las obligaciones estrictas a las que te someten, ni otras cosas. En algunos pasajes puede parecer que hablo con desprecio de algunas de las chicas, pero era por desconocimiento. Muchas de ellas eran del este y —al contrario de mi caso— me dio la sensación de que estaban allí porque la vida no les dejaba otra opción. ¿Mantiene relación con ellas? Con alguna de las de La Maison, sí. Nos llevábamos muy bien, había competencia pero lo normal, cada una teníamos nuestros clientes fijos. Pero cerró, y cuando un burdel cierra las chicas se desperdigan por otros burdeles y cambian de nombres, bueno, de seudónimos. Acabas perdiendo el rastro. Las putas son, por necesidad, seres bastante feroces, protegen con uñas y dientes su vida y su intimidad. Mantengo relación, por ejemplo, con la otra chica francesa que estaba en La Maison, de la que hablo en la novela. Y con algunos clientes habituales que ahora trato como amigos. A veces quedamos para tomar café y charlar. Escribe: “Sé que debería sentirme sucia, pero no lo siento en absoluto”. ¿Diría que es mejor persona tras vivir esta experiencia? ¿Peor? Claramente mejor. Tengo la sensación de haberme enriquecido en lo personal y de que mi percepción sobre mí misma ha mejorado bastante. Y, sobre todo, que mi relación con los hombres es mucho mejor, mucho más sana. Pues uno pensaba que sería lo contrario. Hacer el acto sexual cinco veces al día con clientes, ¿no quita el deseo? ¿No necesitó reeducarse para volver a sentirlo? Tirarte a tres o cuatro tíos al día es un deporte, ya no es sexo. Y al final del día sientes un cansancio similar al de cualquier trabajo muy físico y solo tienes ganas de tumbarte en tu casa, ver la tele y fumar un porro. Pero para mi sorpresa, cuando dejé de ser puta empecé a sentir deseo por todos esos hombres que me gustaban y que sabía que no iban a hacerlo conmigo por dinero, sino por otras cosas. Y fue maravilloso. Reaprendí a desear. A ver…, de entrada, ejercer de prostituta te obliga a hacerte mucho más feminista, eso está claro. Pero también me ha hecho sentir un poco más de ternura por los hombres, porque algo me ha quedado claro: nosotras somos mucho más fuertes. Pero sobre todas las demás, una cosa ha cambiado: mi capacidad de deseo y de placer y mi yo sexual han sufrido una gran transformación. Han evolucionado. Para bien o para mal? Insisto: usar su cuerpo de forma mecánica y tener que hacer el acto sexual varias veces al día, ¿no le ha llevado a perder el deseo? Sí ocurrió un poco eso. Pero lo único que sé es que yo ahora hago el amor mucho mejor que antes, no quiero decir desde un punto de vista técnico, sino que pienso mucho más y mejor en mí misma, en mi cuerpo y en mi propio placer. Siempre he sentido debilidad por los hombres, pero antes solía quedarme atrapada en una contemplación un poco ensimismada y un poco tonta del hombre con el que estaba en la cama. Podía realizar el acto sexual de forma totalmente satisfactoria pero sin correrme ni una vez, porque lo que me obsesionaba era el placer de él. Ha contado que intelectualizaba en exceso el acto sexual. ¿Quiere decir que ahora ha logrado desintelectualizarlo? Exacto. He logrado acercarme de verdad a mi cuerpo para sacarle el máximo partido. He descubierto ejerciendo este oficio cosas que no me esperaba: por ejemplo, darme cuenta de que te puede provocar placer un tío que te resultaba indiferente. La complejidad sexual de la mujer es mucho mayor que la del hombre. Siendo prostituta he aprendido a tener una empatía mayor con los hombres, casi una ternura, por su incapacidad muchas veces de saber si estamos gozando o si estamos fingiendo. Por cierto, cuando fingimos no suele ser para fastidiar, sino por alguna buena razón. Por ejemplo, agradar. Escribe: “Una piedad desgarradora ante la tontería insondable de los hombres”. ¡La frase es un martillo pilón! Sí, sí, sí, ¡ja, ja, ja, ja! ¿Considera que la mayor complejidad mental de la mujer en relación con la del hombre va paralela a una mayor complejidad sexual de ellas sobre ellos? Lo creo. El placer femenino es complicado, ¿sabe?, porque desde pequeñas nos educan para sonreír, para hacer como que todo va bien, para ocuparse de la casa, de los hijos, para preocuparnos de que el hombre sienta deseo… Es una carga mental que hace muy difícil el hecho de llegar a ese punto de abandono necesario para el placer sexual. ¡Aaaah!, en cambio, en lo relativo al placer, ustedes tienen un problema que nosotras no tenemos: la necesidad de una erección. En su libro no recrea muchos momentos explícitos de voltaje sexual. ¿Cree, como decía hace poco aquí mismo Woody Allen, que es más eficaz la sexualidad sugerida que la exhibida? Bueno, es la diferencia entre el erotismo y la pornografía. Pero yo no incluyo mucha escena explícita sencillamente porque, al contrario de lo que mucha gente pueda imaginar, el sexo en un burdel no es demasiado interesante. La verdad es que después de trabajar ahí he sacado la conclusión de que los hombres no van para satisfacer tal o cual fantasma oculto de carácter sexual, sino por algo tan convencional como tocar a una mujer que no es la suya. Al final, en el burdel se daba un tipo de sexo, cómo decirlo, bastante simple, bastante conyugal. Bueno, hay de todo, ¿eh? Algunos venían para que los ataran y les pusieran esposas y cosas así, pero eran los menos. Y me di cuenta de otra cosa: hay muchos hombres que van a un burdel sencillamente para hablar con las prostitutas. Follan rápido, dedican al sexo como 20 minutos y luego otros 40 a charlar. ¿Cree que el hecho de pagar otorga a los clientes de un burdel la sensación de poder sobre la mujer? Los hombres que pagan por sexo tienen miedo de las mujeres. Pagar no les otorga ningún poder sobre nosotras. Al contrario, les pone en una situación de inferioridad. Él es el cliente y la prostituta mete a todos los clientes en la misma cesta, luego es superior a ellos. Decía que ejercer la prostitución te obliga a ser más feminista. Pero no creo que frases como “es más trágico ser cajera en el Lidl con un sueldo miserable que prostituta” sean demasiado bien recibidas por el feminismo. Insisto: en ciertas casas de putas, el poder absoluto es de la mujer. En ciertas casas de putas. Mi libro no abarca la totalidad del mundo de la prostitución. Pero puedo decirle que muchas mujeres eligen sin problemas esta profesión por lo que conlleva de confort económico y por las posibilidades que a algunas de ellas les proporciona de ocuparse más tiempo y más intensamente de sus hijos. Mucho más y mejor que si trabajasen en una tienda o en un supermercado. Y la prostituta es una trabajadora como cualquier otra mujer, aunque casi nunca se les reconoce. Es cínico que se niegue a las mujeres la libertad de elegir esta profesión y decir: “Lo hago porque voy a ganar más dinero y voy a vivir mejor”. A nadie le chocaría que un hombre dijera eso. Tampoco suele chocar que un hombre diga que cada sábado se acuesta con una mujer. Pero si lo dice una mujer, se le suele llamar ninfómana o, peor, puta. ¿Se refiere a eso? Totalmente. Lo que ocurre en el fondo es que el hombre tiene miedo de considerar a la prostituta como una mujer libre que hace con su cuerpo lo que le da la gana. ¿Por qué? Porque eso amenaza el reinado de los machos, a los que les gustaría que las mujeres se avergonzaran de su cuerpo y lo guardaran solo para sus maridos. ¡Mire, he hecho el amor tantas veces con hombres que me han tratado como a una puta —pero sin pagarme, y eso incluyó situaciones con mi propia pareja— que ahora me parece bastante honorable cobrar por eso! Por vender su cuerpo… No es vender mi cuerpo, es alquilar mi cuerpo en un contexto concreto. Y no es solo el cuerpo, es mucho más que eso. Alquilas una situación, una comedia, una ilusión. Bueno, y no siempre es una ilusión… Qué quiere decir? Que varias veces llegué al orgasmo con un cliente. Sin tenerlo previsto, claro está. ¿Diría que su libro es una reivindicación directa e implicada de la prostitución? Es una reivindicación de la posibilidad de que la mujer que elige ese trabajo lo pueda desarrollar en buenas condiciones. De que las putas puedan crear las condiciones de trabajo que les parezcan dignas, ya sea en un burdel o en sus propios domicilios. La prostitución no es una profesión como las demás…, pero tiene que serlo. Mi libro no es una apología de la prostitución. Es una apología de aquel lugar concreto y de un momento concreto de mi vida. La trata de mujeres es otra cosa bien distinta, yo no la he conocido, pero debe de ser espantosa. ¿Cómo ve el futuro de las prostitutas en los países donde no es legal la prostitución? Si no se legaliza la prostitución, las chicas de 15 o 17 años seguirán en el bosque y en la carretera esperando a clientes, seguirá habiendo lugares abominables y seguirán encontrando prostitutas degolladas. ¿Por qué lo dejó? ¿Tuvo la tentación de seguir ejerciendo el oficio de prostituta? ¿Francamente? Sí. Si no hubiese sentido que mi deseo sexual se estaba adormeciendo, habría seguido. Trabajaba en buenas condiciones, me sentía feliz y económicamente digamos que era una etapa muy agradable de mi vida. Pero decidí parar y volver a mi trabajo de camarera en un café de Berlín y a escribir libros. Perdón por la pregunta, pero antes de leer su libro, uno sintió la tentación de pensar que toda esta historia era mentira. Eso sí: si lo es, es usted un genio. Le aseguro que todo es verdad. Pagué a la Hacienda alemana por mi trabajo como prostituta, sigue habiendo fotos mías desnuda en Internet y el burdel Le Manège sigue abierto, aunque con otro nombre. Entiendo que haya gente que no se lo crea porque, claro, sería admitir que una mujer puede trabajar de puta y sentirse bien. Pero Le Manège es un nombre ficticio. ¿Cómo se llama el burdel de verdad? Prefiero no decirlo. Pero era un mal sitio. Estaba regentado por hombres, unos albaneses que…, en fin. Era todo bastante oscuro. Corría la coca, sentías miedo, pensabas que algún día te retendrían el pasaporte… No como en La Maison, que la dirigía una mujer —una antigua ama— y era maravillosa. Nabokov, Sade, Henry Miller, Maupassant, Louis Calaferte… son autores en los que se piensa leyendo La maison. ¿Cree que tendrían fácil publicar hoy los libros que les hicieron célebres? ¿Lolita? ¿Justine? ¿Trópico de Cáncer? Está claro que hay una vuelta del puritanismo, una vuelta atrás en lo moral, y en ese terreno Francia es la campeona del mundo. Somos el país más hipócrita del planeta. Todo se hace a escondidas. Y sobre eso que me pregunta…, no, no creo que un libro como Lolita pudiera ser publicado hoy. Fuente: ElPais: Dic 2019
  4. jajaja... muy bueno, inscriba el punto com de este hashtag.
  5. La señorita es real, la puede googlear, actualmente es sicóloga y terapeuta sexual y da conferencias sobre el tema. La carta en cuestión está incluida en el libro que se menciona al comienzo y está disponible en Amazon en todas sus versiones. Es indudable que su discurso está teñido por su experiencia, no podría ser de otra forma y está claro que no tiene por qué representar el pensamiento de todas las mujeres que ejercen este trabajo. Se agradece su punto de vista señor @foreroSV
  6. Concuerdo con usted @Forero antiguo en que nada es blanco o negro. En esto, como casi todo en la vida, hay una escala de grises. A mi me llamó la atención la rabia que hay en la dermis de Tanja, en su lenguaje, un reproche brutal a su interlocutor (que somos más de uno), sin dejar de ser un coscacho de verdades que aturden en algunos pasajes.
  7. El propósito de esta publicación no es formular juicios (quien soy yo para hacerlos). Es solo compartir una publicación que pueda animar un ejercicio de instrospección, si es que les interesa. Nadie esta obligado. Quien desee opinar, bienvenido sea. Carta abierta de Tanja Rahm a sus antiguos clientes. Publicada en el libro “Prostitution Narratives – Stories of Survival in the Sex Trade” de Caroline Norma y Melinda Tankard Reist . Transcripción de ElConfidencial.com Tanja Rahm, mujer danesa, que actualmente tiene 35 años, trabajó durante tres años como prostituta poco después de cumplir 20. Actualmente es terapeuta y sexóloga. Puede ser que no represente la experiencia de todas las prostitutas, pero merece la pena leer por completo la carta. Sobre todo si se es uno de esos clientes que consideran que al contratar los servicios de una prostituta le están haciendo un favor: Abre Comillas: "Querido cliente, Si piensas que alguna vez me he sentido atraída por ti, estás terriblemente equivocado. Nunca he deseado ir a trabajar, ni siquiera una vez. Lo único en mi mente era hacer dinero, y rápido. Que no se confunda con el dinero fácil; nunca fue fácil. Rápido, sí. Porque rápidamente aprendí los muchos trucos para conseguir que te corras pronto para poder sacarte de mí, o de debajo de mí, o de detrás de mí. Y no, nunca me excitaste durante el acto. Era una gran actriz. Durante años he tenido la oportunidad de practicar gratis. De hecho, entra en la categoría de multitarea. Porque mientras tú te tumbabas ahí, mi cabeza estaba siempre en otra parte. En algún sitio donde no tuviese que enfrentarme contigo acabando con mi respeto hacia mí misma, ni pasar 10 segundos pensando en lo que ocurría, o mirándote a los ojos. Si pensabas que me estabas haciendo un favor por pagarme por 30 minutos o una hora, te equivocas. Preferiría que hubieses salido y entrado tan rápido como pudieses. Cuando pensabas que eras mi príncipe azul, preguntándome qué hacía una chica como yo en un sitio como ese, perdías tu halo cuando pasabas a pedirme que me tumbase y centrabas todos tus esfuerzos en sentir mi cuerpo todo lo que pudieses con tus manos. De hecho, hubiese preferido si te hubieses tumbado de espaldas y me hubieses dejado hacer mi trabajo. Cuando pensabas que podías estimular tu masculinidad llevándome al clímax, debes saber que lo fingía. Podría haber ganado una medalla de oro por fingir. Fingía tanto, que la recepcionista casi se caía de la silla riéndose. ¿Qué esperabas? Eras el número tres, o el cinco, o el ocho de ese día. ¿De verdad pensabas que era capaz de excitarme mental o físicamente haciendo el amor con hombres que no elegía? Nunca. Mis genitales ardían. Del lubricante y los condones. Estaba cansada. Tan cansada que a menudo tenía que tener cuidado de no cerrar mis ojos por miedo a quedarme dormida mientras mis gemidos seguían con el piloto automático. Si pensabas que pagabas por lealtad o charlar un rato, debes volver a pensar en ello. No me interesaban tus excusas. Me daba igual que tu mujer tuviese dolores pélvicos, o que tú no pudieses salir adelante sin sexo. O cuando ofrecías cualquier otra patética excusa para comprar sexo. Cuando pensabas que te entendía y que sentía simpatía hacia ti, era todo mentira. No sentía nada hacia ti excepto desprecio, y al mismo tiempo destruías algo dentro de mí. Plantabas las semillas de la duda. Duda de si todos los hombres eran tan cínicos e infieles como tú. Cuando alababas mi apariencia, mi cuerpo o mis habilidades sexuales, era como si hubieses vomitado encima de mí. No veías a la persona bajo la máscara. Solo veías lo que confirmaba tu ilusión de una mujer sucia con un deseo sexual imparable. De hecho, nunca decías lo que pensabas que yo quería oír. En su lugar, decías lo que necesitabas oír. Lo decías porque era necesario para preservar la ilusión, y evitaba que tuvieses que pensar cómo había terminado donde estaba a los 20 años. Básicamente, te daba igual. Porque solo tenías un objetivo, y era mostrar tu poder pagándome para utilizar mi cuerpo como te apeteciese. Cuando una gota de sangre aparecía en el condón, no era porque me hubiese bajado el período. Era porque mi cuerpo era una máquina que no podía ser interrumpida por el ciclo menstrual, así que metía una esponja en mi vagina cuando menstruaba. Para ser capaz de continuar entre las sábanas. Y no, no me iba a casa después de que hubieses terminado. Seguía trabajando, diciéndole al siguiente cliente la misma historia que habías oído. Estabas tan consumido por tu propia lujuria que un poco de sangre menstrual no te paraba. Cuando venías con objetos, lencería, disfraces o juguetes y querías juego de roles erótico, mi máquina interior tomaba el control. Me dabais asco tú y tus a veces enfermizas fantasías. Lo mismo vale para esas veces que sonreías y decías que parecía que tenía 17 años. No ayudaba que tuvieses 50, 60, 70 o más. Cuando regularmente violabas mis límites besándome o metiendo los dedos dentro de mí, o quitándote el condón, sabías perfectamente que iba contra las reglas. Estabas poniendo a prueba mi habilidad para decir que no. Y lo disfrutabas. A veces no me quejaba lo suficiente, o simplemente lo ignoraba. Y lo utilizabas de manera perversa para mostrar cuánto poder tenías y cómo podías traspasar mis límites. Cuando finalmente te regañaba, y dejaba claro que no te iba a volver a tener como cliente si no respetabas las reglas, me insultabas a mí y mi papel como prostituta. Eras condescendiente, amenazador y maleducado. Cuando compras sexo, eso dice mucho sobre ti, de tu humanidad y tu sexualidad. Para mí, es un signo de tu debilidad, incluso cuando lo confundes con una especie de enfermiza clase de poder y estatus. Crees que tienes derecho. Quiero decir que las prostitutas están ahí de todas formas, ¿no? Pero solo son prostitutas porque hombres como tú se interponen en el camino para una relación saludable y respetuosa entre hombres y mujeres. Las prostitutas solo existen porque hombres como tú sienten que tienen el derecho de satisfacer sus necesidades sexuales usando los orificios del cuerpo de otras personas. Las prostitutas existen porque tú y la gente como tú sienten que su sexualidad requiere acceso al sexo siempre que les apetece. Las prostitutas existen porque eres un misógino, y porque te preocupan más tus propias necesidades sexuales que en las relaciones en las que tu sexualidad podría florecer de verdad. Cuando compras sexo, revelas que no has encontrado el corazón de tu sexualidad. Me das pena, de verdad. Eres tan mediocre que piensas que el sexo consiste en eyacular en la vagina de una extraña. Y si no hay ninguna a mano, no tienes que ir más lejos que a la esquina de tu calle, donde puedes pagar a una mujer desconocida para ser capaz de vaciarte en una goma mientras estás dentro de ella. Qué hombre frustrado y lastimosos debes ser. Un hombre incapaz de crear relaciones profundas e íntimas, en las cuales la conexión sea más íntima que tu eyaculación. Un hombre que expresa sus sentimientos a través de sus clímax, que no tiene la habilidad de verbalizarlos, sino que prefiere canalizarlos a través de sus genitales para librarse de ellos. Qué masculinidad débil. Un hombre verdaderamente masculino nunca se degradaría pagando por sexo. En lo que concierne a tu humanidad, creo en la gente de bien, incluido tú. Sé que dentro tienes una conciencia. Que te has preguntado en silencio si lo que hacías era ética y moralmente justificable. También sé que defiendes tus acciones y probablemente piensas que me has tratado bien, que fuiste amable, nunca malvado y que no violaste mis límites. Pero ¿sabes qué? Se llama evadir tu responsabilidad. No estás enfrentándote a la realidad. Te engañas pensando que la gente a la que compras no han sido compradas. No han sido forzadas a prostituirse. Quizá pienses que me hiciste un favor y me diste un respiro hablándome del tiempo, o me diste un pequeño masaje antes de penetrarme. No me hiciste ningún favor. Todo lo que hiciste fue confirmar que no merecía más. Que era una máquina cuya función primaria era dejar a los otros aprovecharse de mi sexualidad. Tengo muchas experiencias en la prostitución. Me han permitido que te escriba esta carta. Pero es una carta que preferiría no haber escrito. Ojalá hubiese podido evitar estas experiencias. Tú, por supuesto, te consideras como uno de los clientes buenos. Pero no hay clientes buenos. Solo aquellos que confirman la visión negativa de las mujeres sobre sí mismas. Sinceramente, Tanja Rahm Cierre Comillas”
  8. Greta, es una chica excepcional.. Pero no he visto que esté publicada... 🤫, al menos no bajo ese nombre...
  9. Sasha: Oh ¡ Qué musasha ¡ He estado con Sasha antes y hasta ahora solo había reportado el trio con ella y Josefina. Para reparar esta falta me dispongo a escribir. Y qué mejor instancia que aprovechar el reencuentro que tuvimos después de tanto tiempo, ella y yo retirados. El relato es una descripción fiel de este revival. Usaré el nuevo formato sugerido. General ¿La chica cumple con la información de su anuncio? --> Totalmente y más ¿Qué buscabas en la chica? --> Lo que ella sabe entregar, lujuria y placer al límite. ¿Te pasó algo en el trayecto a visitarla? --> No me chocaron. ¿Te costó comunicarte? --> Nada. Le escribí y en media hora estaba en traje de Adan A favor Físico: Esbelta, figura grácil, los senos más bellos que he besado, sin exagerar, bella, sexy, enigmática. Atención: Ella se entrega en cuerpo y alma.. Comunicación: Total. Efectivamente tiene temas nacionales e internacionales. En contra No le encuentro nada en contra. Oportunidad de Mejora No se me ocurre. Historia Ella es bella, lo ha sido siempre, pero ahora la encontré más hermosa. El cuidado corte de pelo; los bellos ojos delineados con trazo de belleza egipcia; la mirada y su sonrisa de una sensualidad que intimida; esa fina estampa, señorita de fina estampa. Me recibió con una sonrisa amplia, alegre, no finge que le agrada verme de nuevo, lo percibo y creo que es genuino (y no está demás decir que es mutuo). Palabras introductoras más, palabras menos y ya estamos besándonos, suave, sin apuro. No hay nada más sensual que los besos y caricias en ralentí. Destapo sus bellos senos, acaricio los pezones con mis pulgares. Se siente la turgencia del deseo. La respiración nos delata y así comenzamos a cocinarnos, slow cook … ayayay. El lector ya adivina lo que viene. Es evidente. Yo solo les digo que el camino es culebrero y la cocina está muy, pero muy caliente. Nos acariciamos mutuamente, los besos son cada vez más húmedos, me desplazo por su cuello, senos, su vientre, mi lengua se sabe la tabla del ocho de memoria. Ella abre sus largas piernas. Valga decir que es muy flexible, partiendo en 90 grados llegamos rápidamente a 160 grados, rumbo al norte, donde mi lengua se deposita balbuciente, estropajosa. Ella responde con gemidos de placer, sus piernas de repente se cierran a 5 grados y mi cabeza queda atrapada momentáneamente. Persisto en este camino. En conjunto recorremos los ocho modos de sexo oral, según el Kama Sutra. El ocho se repite vaya, vaya: modo moderado, mordisco lateral, presión externa, presión interna, beso, toque, chupar el mango y devorar. Ella a mi, yo a ella y así nos vamos culebreando. El lector se preguntará qué cresta son esos ocho pasos ¡: Opción 1) googlear , opción 2) cómprense el libro. Debo confesar que el paso que más me gusta es cuando ella aplica “chupar el mango”.. bueno el “devorar” también. Cumplida la parte introductoria que fue bastante prolongada, nos disponemos a la introducción, aunque parezca redundante, pero es así. Ella se sienta en mis muslos y se inclina sobre mi pecho . La penetración es suave, sin prisa, al comienzo. Sus gemidos en mi oído derecho, mis labios en modo chupete y manos aferradas a su bella cola como a un salvavidas, sintetizan la escena que se prolonga hasta que empezamos a hacer agua. Cambiamos a misionero y luego al 30, según el Kama Sutra. Para esta posición se requiere fuerza de piernas y güatita apretada . Yo me aplico jadeante. Me persigno y procedo a levantar y extender sus piernas. Podría decir que son 270 grados. La penetración es profunda, tanto como el gozo. La cama cruje. Su pierna izquierda extendida hacia atrás, apoyada en el respaldo de la cama confirma la hiperlaxitud que les comentaba. Muchas cosas suceden al mismo tiempo, a saber: entro y salgo en cuclillas; los besos; las lenguas; la cama se queja; su pie izquierdo a la altura de su oreja del mismo lado, sostiene el respaldo; su pierna derecha sube por sobre mi hombro izquierdo, obvio; su espalda encorvada; sus gemidos; los mios propios; la gran carretilla pero invertida; la mueca de placer; el ventilador, donde está el ventilador? El tiempo juega en mi contra a estas alturas. Al borde de la cama, yo de pie, ella de rodillas sobre la cama, la penetro y se mueve en todas las direcciones, lo disfruta, yo también, el embate es constante por un rato largo hasta que el acento natural del compás se desplaza y la nota cae débil, se pierde el ritmo y mis piernas tiemblan al punto que parezco trompo cucarro. Tenemos un poco de tiempo para conversar de todo un poco. Mientras hablamos pienso que una hora es muy poco para apreciarla en su total valor y belleza y me recrimino... será en la próxima.
  10. Agradezco sinceramente las menciones que de mis reportes han hecho algunos colegas. Sin embargo, debo agregar que no me siento en absoluto identificado con el lenguaje cursi de Arjona. Frases tales como " te renté el cuarto menguante de la luna y tu seguías ahí como si nada" o , "No consigo respirar.Hago apnea desde el día en que no estás".. etc, etc., llegan a ser divertidas y ridículas de lo rebuscadas y cursi que son. Cito al colega @Kalavera porque veo una contradicción entre el título del tema y el texto del mismo, que busca a quien pueda dejar a "Arjona como poeta de barrio" y no a quien cuyos reportes se asemejen al estilo cursi de su escritura. En fin, aclarado lo anterior, en mi opinión todos los estilos de reportes son bienvenidos. Más importante es el respeto hacia las chicas y el tono de la escritura, que su estilo "literario". Tal vez lo único reprochable puede ser el "asesinato" de la ortografía, que es bien frecuente. He estado retirado desde hace algunos meses y por eso no he seguido colaborando con el foro. Reportaré encantado de nuevo cuando me reintegre. Saludos, PopArt
  11. ironía, duda o sarcasmo..en este caso no viene al caso. Pero usted maneja buena información, hay que reconocerlo... tiene habilidad para conectar posteos puteros con la literatura...lo felicito.
  12. jajaja.. parecido ...si la pregunta es para mi estimado, le digo que no es mi estilo plagiar ni publicar experiencias prestadas... es lo que me ha pasado a mi...y por lo visto no estoy solo.. jajaja
  13. Una variante de alguna ya dicha: - Cuando estas conversando con ella por whatsapp y de pronto tu ultimo mensaje queda solo con la marca de enviado, señal de que ha apagado su celular y son justo las 2:05 de la tarde y empiezas a pasarte la película de que ha llegado su cliente. A las 2:15 todo sigue igual y piensas que tal vez le esté gustando y se te aprieta la cuchara. A la 3 en punto el mensaje entra a su celular y se marca el visto, pero no te contesta y cada 15 minutos miras el celular para ver si hay respuesta. Y llega la noche y te duermes pensando en su indiferencia, en su "falta de querer". La mañana siguiente todo sigue igual: no reply. Resignado, vacías el chat y te metes a la ducha con la esperanza que antes de almuerzo te llegará la sorpresa de una respuesta que finalmente no llega. Decides ir a la pega en micro mejor, el anden del metro puede provocarte vértigo.
  14. De acuerdo con ud. don @foreroSV ... mi punto es sólo en el interés de cuidar la integridad del foro, que solo se manifiesta por la interacción de los foreros.
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