Luego de una larga espera para mí, no coincidir en horarios y citas canceladas por fuerza mayor, ayer martes por fin fuí a visitar a Italia. Quería despedirme de ella como se debe. Frente a frente. Tanto para disfrutar de sus encantos de mujer, como para desearle el mejor porvenir en su senda.
Cómo siempre me dirijo temprano al lugar y ya en camino me dice si puede ser un poquito más tarde. Accedo y aprovecho de hacer unas compras. Un engañito para ella, obvio; si es un amor y se merece eso y más.
Llega el momento ansiado, me hace subir y el prótocolo de siempre. Al estar ya en su depa, tiembre y al instante me abre la puerta. Vestía tal como me gusta y como quiero recordarla. Con vestido negro ceñido a su figura. Cabe destacar que quienes le conocemos ya años, le notarán más delgada en cuerpo y facciones, pero igual de rica, igual de hermosa. Es mirarla y prender de una... Es mirarla y maquinar cientos de cosas en la cabeza.
Pequeña plática y ducha de rigor.
Debo decir que hoy no tuve sexo con ella. Hoy le hice el amor. Cómo diría una canción: "salvaje y tierno, mezcla de infierno y cielo". Hoy ella me prendió de una manera distinta. Fuí tierno y bruto. Fuí delicado y fiero.
Se recuesta sobre la cama y yo me poso sobre ella abriendo su boca en un dulce beso. Besos que de pasar a ser suaves, se convirtieron en fuego. Mis manos con vida propia acariciaban sus muslos, recorrían su piel, su cintura. Mis labios viajaban por sus hombros, bajando poco a poco a sus pechos, que una vez ya desnudos me regalaron la pócima más exquisita. Mis dedos bajaron a su entrepierna, deslizaron su ropa interior también negra hacia un lado y se introdujeron en su interior. Mientras la masturbaba seguía besando su boca y ella gimiendo en mi oído avivaba mi acción. Le pedí subiera sobre mí. Una vez más la acaricié toda. Saboreando cada rincón de su cuerpo. Ver su pechos blancos, jóvenes. Sujetarme de sus caderas, sentir su respiración agitada son vítamina, son energía para ese humilde servidor. Amasé sus glúteos y le dí fuertes nalgadas. De hecho se me pasó la mano en varias ocasiones. Hubó un momento en que me mostró su colita y la tenía roja roja roja. Me dejé llevar por el ímpetu del momento. Me dejé embriagar por la calidez del instante. Cambíamos posición. Yo tumbado en la orilla de la cama, ella de rodillas sobre una almohada para engullir mi miembro viril. En momentos todo en su boca, en otros a distintas velocidades y profundidad. Ya estaba absolutamente caliente, deseoso de penetrarla. Puesto ya preservativo sube una vez más sobre mí, cabalga a su ritmo y yo sumiso a su compás. Que delicia ver sus ojos cerrados mientras me monta. Que exquisitez ver el sudor correr por su frente, por sus cenos, por su vientre. La apego totalmente a mí, no permiendole movilidad alguna. Mi boca besa los óbulos de sus orejas, su cuello y hasta su pelo. Le doy embestidas rápidas y lo más hondo posible. Sus gemidos que en momentos parecían gritos me excitaban más. Le dí varias nalgadas, siendo el sonido de sus alaridos lo único que resonaba en mis oídos. Con mis manos levante sus nalgas, las sujete con fuerza y le dí fuerte, constante y profundo hasta que el volcán de mi miembro, erupciono en ella. Me quedé dentro de ella un ratito más y ella se recostó sobre mí besándome, acariciando mi rostro y con malicia, sabiendo que ya había eyaculado contraía los músculos de su vagina. Que sensación más rica y que traviesa ella.
Su vasito de agua para calmar la temperatura del momento y una conversación de la vida de ambos. Estabamos regaloneando. Yo posando mi cabeza sobre su regazo, ella haciéndome cariño. Derrepente suena mi celular. Una video llamada. Era mi hijo. No contesté ya que estaba desnudo. Vuelve a sonar y me dice Italia que conteste, que tal vez sea urgente. Contesto y era mi hijo para saludarme y mi hija pequeñita para pedirme chocolates. Y si tu princesita te pidé chocolates, tú macho alfa, espalda de gladeador, le llevas chocolates a tu princesita. Me dió risa. Soy yo quién siempre llama para hablarles y justo que estoy en los dominios de mi musa, me llaman. Me despedí y a regalonear denuevo con Italia.
Busco otra vez esa boca fresca, azucarada de Italia. Busco otra vez esa mirada que dice tanto en ella. Tal vez Italia ni lo sepa. Pero sus ojos dicen mucho. Cuando está seria. Cuando está complacida. Cuando está entregada. Bajo por su piel blanca a su intimidad. Mi lengua se adentra en ella. Pequeños temblores de su cuerpo dan rienda suelta a mi lujuría. Su carne, el fluido de su vagina, saben bien. Nos besamos en tempestad. Le penetro en misionero. Ella me muerde los labios, me araña. Yo algo desenfrenado le doy embestidas apretando su cuello con fuerza, pero manteniendo las proporciones. Ella responde con jadeos y mirada complaciente. Mientras la asfixio le doy acometidas con todo mi vigor posible. Sólo el movimiento brusco de su cabeza me señala la libere para tomar aire. Una vez toma suficiente oxígeno continuó la misma acción. De pronto hago un movimiento repentino y la tumbó boca abajo. Me acoplo a su forma y me tiendo sobre ella. Le doy unas nalgadas tan fuerte que hasta yo me espanté. Me dice que si le dolió, pero aguanta sin poner peros. Sigo en mis arremetidas. Que placer sentirla dominada, obediente a mis deseos. Encima de ella, penetrandola con vivo entusiasmo. Mi mano masturbando su clitoris, sintiendo como esta se humedece sin parar de penetrarle. Le beso la espalda, su nuca, me empapo de su sudor. Cambiamos pose, se arrodilla, posando su torso sobre la cama y dejando su colita e entimidad a mi merced. Le vuelvo a penetrar y masturbar en distinta intensidad. Mi cuerpo sobre el suyo encajaba perfecto. Le pongo de pie, la acorralo al closet. Me vuelvo a introducir en ella. Arquea se espalda, me aferro a su cuello con fuerza dándole embestidas enérgicas. Mis manos bajan a sus caderas y se sujetan de ellas. Mi pelvis chocando contra sus nalgas, crean ese sonido, esa música tan placentera del sexo. Vuelvo a la cama y me monta. Su pelo ya húmedo y alborotado. Nuestros cuerpos estaban completamente mojados. Pero ese sudor que bañaba su cuerpo, como si fuese aceite, hacía brillar su silueta, si figura. Las gotas que resbalaban por su pecho y vientre me daban la impresión de ser agua bendita en una escultura. De pronto paró y me dice: siento el látido de tu corazón y muslos. Su pelo ya húmedo y su cara sudada le hacían ver bellísima. Un respiro y devuelta a la acción. Me enrede en ella, le decía palabras candentes, le pedí se quedara quieta mientrás yo arremetía en su interior, ella obediente se dejó querer no dejando de besar y morder mis labios. Cambíamos a en 4, que estimulante el ver como entraba y salía mi pene de su vagina. El sonido de sus gemidos envolvía el ambiente. Yo aferrándome de su cintura, de sus caderas con vigor. Dí cuanto pude, pero no pudé acabar está vez. Me invita a recostarme a su lado y aproveché de despedirme. De desearle el mayor de los éxitos en su andar. Recordamos cuando nos conocímos, algunas charlas del pasado y la vez que estuvé flechado de ella. Porque si, hubó alguna vez en que me sentí enamorado de esta mujer. Porque más allá de lo carnal y transacción de dinero que pueda haber, Italia es de esas mujeres que se quedan en ti, que forman parte de ti y que viven en ti.
Bella Italia, un placer y un privilegio haberte conocido. No importa el cómo, ni el cuando. Fué un deleite el hablar contigo. Fuí afortunado de tenerte entre estos brazos y probar de esa miel tan exquisita de tu boca y de tu cuerpo.
Con todo mi corazón te deseo muchas bendiciones y a pesar de la distancia, siempre, cuando gustes, estará L AMANT para ti...