He tenido experiencias en las que, de manera inesperada, se ha planteado la posibilidad de tener relaciones sin protección. Es una situación difícil de manejar, especialmente cuando surge de forma espontánea, ya que requiere mucha determinación para resistirse. Y no han sido situaciones conversadas, sino que han sido acciones que van sugiriendo el acto hasta que llega un momento que se anuncia.
En más de una ocasión he caído en la tentación, mientras que otras veces he logrado detenerme antes de que ocurriera algo irreversible. Específicamente caí dos veces en estos largos 10 años.
La primera vez sucedió de manera inesperada. Había una conexión especial con la persona, y aunque inicialmente todo era en el marco de un servicio, las cosas avanzaron más de lo esperado y es acá, cuando los roces y la humedad permitieron el crimen. Fue una experiencia intensa que marcó un antes y un después en nuestra relación. A partir de entonces, cada encuentro se volvió mucho más apasionado, fue mi primera vez y, aunque con el tiempo dejamos de vernos, mientras nos vimos, ya no como un proceso transaccional, lo hicimos siempre así. Tras esa etapa, decidí tomarme un tiempo para reflexionar y priorizar mi salud y cuidar a mis futuras parejas sexuales hasta saber que estaba sin alguna enfermedad.
En otras dos ocasiones, también casi se dio con personas con quienes había más que un simple servicio. En ambas situaciones, aunque hubo momentos de riesgo, logramos detenernos antes de que las cosas fueran más allá. Sólo la puntita le dicen, y sólo una vez. Sin embargo, la atracción y la química que existía hacían que fuera complicado mantener los límites, a veces ellas los buscaban, y a veces el pensamiento parásito de hacerlo venía a mi mente. Estas vivencias me hicieron comprender lo importante que es tener autocontrol y ser consciente de las consecuencias, ya que a pesar de no haber concretado, el pensamiento de quizá haberme contagiado algo estuvo hasta tener los exámenes en mano.
La segunda vez que sucedió sin protección fue diferente. Tenía una conexión emocional y física muy fuerte con esa persona, algo que iba más allá de lo puramente sexual, de mi parte... de parte de ella sólo un fuerte deseo y confianza. Fue un momento de vulnerabilidad mutua, donde ambos nos dejamos llevar por la química y el deseo. Aunque tomé las precauciones necesarias después de ese encuentro, fue una experiencia que me dejó pensando mucho sobre los riesgos y la responsabilidad que implica y me hace pensar que si de por sí es difícil resistirse, con algunas mujeres especiales, es casi imposible. En este caso era algo que deseaba constantemente, no con cualquier, sino que sólo con ella. Algo hay en esto, siento que dos almas no se pueden tocar si hay condón. Y no es que buscara tocar un alma, es que la suya, la debía acariciar.
De estas experiencias y otras donde sólo quedó en un ofrecimiento o intento por parte de las damas, aprendí que no todas las personas tienen las mismas intenciones o cuidados. Algunas buscan este tipo de encuentros como algo especial, no cualquiera puede penetrarles el alma, mientras que otras lo ofrecen de manera más habitual, incluso a cualquiera que disponga en los bolsillos del precio que propongan, lo que aumenta los riesgos.
En este sentido, quiero ser muy claro: siempre, pero siempre, evito a aquellas personas que cobran por este tipo de encuentros. Y creo que lo más inseguro que se puede hacer es tener relaciones sin protección con alguien que cobra por ello. Además de los riesgos evidentes para la salud, existe una falta de confianza que hace que este tipo de situaciones sean extremadamente peligrosas.
Finalmente, quiero destacar que no considero estas experiencias como algo de lo que sentirse orgulloso. Más bien, son lecciones que me han llevado a ser más cuidadoso y reflexivo. Las relaciones sin protección no son un "regalo" ni algo que deba tomarse a la ligera. Es crucial tener claridad sobre las consecuencias y actuar con responsabilidad, tanto por uno mismo como por las demás personas involucradas. Y, por sobre todo, evitar confiar a diestra y siniestra, ya que muchas escorts hacen esto como regalo al regalón, para mantener a un cliente empotado o simplemente para recibir regalos y, darse cuenta si estás frente a esa escort manipuladora o a la que, al igual que uno, sintió el impulso, es muy difícil, aunque, como muchas cosas, todo se sabe en la vida.
De las 4 damas que menciono, de las cuales con 2 sucedió el pecaminoso acto y las otras 2 sólo quedó en un roce extremo, 2 de ellas lo hacían con muchos de sus clientes y todos "eran el único". Ese es el verdadero peligro, que "casi nunca" eres el único y esto puede significar un corazón roto, un deseo en sumergirse en ácido muriático o un sentimiento de traición extremo.
También esperaba que alguien más contara su experiencia en esto pero creo que es algo tabú