Todo lo publicado por Kourtney2363
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Kourtney, Libro de experiencias 🫶🏻
Hola el problema no es la vestimenta el problema es cómo se actúa de acuerdo a eso… esa experiencia fue completamente sumisa a sus palabras me hablaba como si fuera una niña pequeña me decía cosas realmente asquerosas y me repetía constantemente si me gustaba chupársela a su tio 😅 actualmente también tengo traje de escolar pero solo por que se ve bonito, no aceptaría un trato así 😅
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Kourtney, Libro de experiencias 🫶🏻
EL PLACER LO SENTÍ YO Un día como cualquier otro llegó un cliente. No recuerdo su nombre, pero era español. Desde el principio fue muy amable: antes de llegar ya me había preguntado qué jugo me gustaba, y apareció con un chocolate y una bebida para mí. Ese detalle, tan simple, me pareció demasiado caballero. Antes de conocerlo ya me caía bien... y sentía que sería una buena atención. Nunca imaginé cuánto. Entró, dejó sus cosas y pasó a la ducha mientras yo lo esperaba en la habitación. Cuando salió, puso música ambiente. Yo me levanté para comenzar, como siempre, pero él me dijo: —No, tranquila... siéntate. Hoy te toca experimentar y disfrutar. Quedé sorprendida. Y con esa chispa rápida que tengo, le respondí: —No quiero experimentar cola. Se largó a reír. Su acento ya lo hacía atractivo, y yo estaba en mi salsa. Me dijo: —Tranquila, no busco nada de eso. —Entonces, ¿qué? —le pregunté. —Te haré unos masajes, si me lo permites. Le dije que sí, obvio... y me entregué completamente a la experiencia. Comenzó con masajes por todo el cuerpo. Yo estaba extasiada. Por primera vez, sin siquiera un beso, sentía un calor recorrerme entera. Era una sensación distinta... yo quería hacer mi trabajo, pero algo cambiaba. Después empezó con una pluma, recorriéndome la piel, jugando con lo sensorial. Era otro nivel. Estaba en un placer máximo, algo que no había vivido antes en ese contexto. Hasta que no aguanté más y le dije: —Ya... ¿podemos empezar? Y él, tranquilo: —Cuando tú quieras. Sentí que la hora pasó en diez minutos. No lo podía creer. Lo pasé increíble. Por primera vez sentí que trabajaron para mí... y más encima me pagaron. Cuando terminó, me ganó la curiosidad y le pregunté: —¿Por qué haces esto de dar placer? Y me dijo: —Esto lo hacía con mi esposa. Quedé helada. No supe qué decir. Me reí nerviosa. Y él agregó: —Tranquila... ella falleció hace tres años. Sentí un alivio inmediato. Por un momento me había sentido como la amante de alguien, como si estuviera fallándole a otra mujer. En ese entonces, con la poca experiencia que tenía, esas cosas me movían más. Le dije: —Lo siento... Y él, muy tranquilo: —No, no te preocupes. Aprendí a vivir con eso. Se fue. Salí corriendo a contarle a las chicas, ilusionada, sintiéndome especial por lo que me había pasado... y para mi sorpresa, todas ya lo habían atendido. Era su rutina. Y yo... yo jurando que había sido algo único. Me bajaron de la nube en un segundo. Pero ese día también entendí algo importante. Así era el rubro. La mayoría de los clientes buscaban experimentar... y lo hacían con todas. Ahí me cayó la realidad: estaba difícil sentir algo real en ese lugar. Muchos te prometían cielo, mar y tierra... pero yo ya empezaba a ver el patrón. Sabía que lo mismo que me decían a mí, se lo decían a todas. Y ahí tomé una decisión. Ser precavida. No involucrarme. Nada de sentimientos. Me lo repetí firme en la cabeza... cada minuto, en cada atención. Porque si algo estaba aprendiendo, era que en ese mundo, si tú no te cuidas... nadie lo hace por ti.
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Kourtney, Libro de experiencias 🫶🏻
TODO CAMBIA POCO A POCO Después de ese carrete, todo cambió dentro del departamento. Mi jefa empezó a confiar cada vez más en mí. Me pedía ayuda con cosas del lugar, me dejaba a cargo de la plata que quedaba del día, me incluía en tareas que eran parte de su trabajo. Yo la ayudaba a sacar fotos a las chicas, a organizar detalles, a mantener todo en orden. Esa confianza no me era indiferente. Yo no soy una persona que falle cuando confían en mí. Al contrario, lo valoro mucho. Y cuando alguien me da ese espacio, respondo. Siempre. Por eso la ayudaba en todo. Al mismo tiempo, yo también iba cambiando. Atendía mejor. Aprendía rápido de mis errores. Cosas que al principio me ponían nerviosa, con el tiempo se volvieron rutina. Cada día se hacía más fácil. Y empezaron a repetirse los clientes. Eso me hizo sentir algo que no esperaba: orgullo. Sabía que si volvían, era por cómo los había tratado. Me sentía bien… linda, segura. Más dueña de lo que estaba haciendo. Algunos clientes eran especialmente amorosos. Conversaban conmigo, me daban consejos. Muchos ya llevaban tiempo en el rubro y conocían historias, experiencias de otras chicas. Desde su perspectiva, estar en una agencia era prácticamente una forma de explotación. Y en parte, lo era. Había exigencia constante. Tenías que rendir, producir, dar lo máximo todos los días. Pero también había algo más… Yo podía parar cuando quisiera. Y eso, en mi cabeza, hacía toda la diferencia. Aunque la verdad es que muchas veces ni siquiera quería parar. Me exigía yo misma. Habían días en que atendía hasta diez clientes. Y aun así, me iba feliz. Porque al final del día, tenía la plata en mis manos. Y con eso, mi objetivo se sentía cada vez más cerca. Yo tenía un solo foco: juntar lo suficiente para irme a vivir sola. Quería mi espacio. Mi tranquilidad. No tener que llegar todos los días a mi casa con el miedo de que mi mamá empezara a hacer preguntas… de que en algún momento descubriera en lo que realmente estaba.
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Kourtney, Libro de experiencias 🫶🏻
Cambiando relaciones Ese día trabajamos como siempre. Todo normal, rutinario… hasta que, de la nada, a la jefa se le ocurrió que saliéramos en la noche. Vamos a un pub, a distraernos un rato —dijo. A mí me encanta bailar, así que acepté al tiro. Terminamos el día y nos fuimos a su departamento. Nos arreglamos juntas, nos maquillamos, nos probamos ropa, nos reímos. Hablamos demasiado… de todo. Ese rato fue distinto. La sentí más cercana, menos jefa y más persona. Ya estaba empezando a ser parte de mi vida. Cuando estuvimos listas, nos fuimos a Bellavista. En el camino me contó que allá nos iba a esperar una amiga suya, que también tenía agencia y trabajaba en lo mismo. Cuando llegamos, ahí estaba, sola, esperándonos para entrar al pub. Adentro, todo fue música, luces y risas. Bailamos harto, nos soltamos. Ellas pidieron botellas de alcohol, pero yo no tomaba, así que me pedí una bebida y seguí en lo mío: bailar y mirar. Pasaron las horas y, en medio de la noche, la amiga de mi jefa empezó a sentirse mal. ¿Me acompañas al baño? —me dijo. Claro que sí. La ayudé a entrar, a sentarse en la taza porque estaba mareada, casi sin poder sostenerse. Se notaba que estaba muy borracha. —Mejor vámonos —le dije. Me miró y se rió. —No estás loca… tengo la solución. Sacó de su cartera una bolsita con polvo blanco. —¿Qué es eso? —le pregunté, aunque en el fondo ya sabía. —Un poder —me dijo. Me dio risa, pero también me dejó incómoda. La miré en silencio. Se metió demasiado… y en cosa de minutos cambió. Pasó de estar casi desmayada a “revivir”. Yo ya sabía lo que era. Droga. Nunca consumí, ni pensaba hacerlo. Tenía historias demasiado cercanas, demasiado feas como para siquiera considerarlo. Así que solo me quedé ahí, acompañándola… con una sensación rara, como de pena. Era joven, bonita… y aun así estaba metida en eso. No le dije nada. No éramos cercanas, no me correspondía. Salimos del baño y le conté a mi jefa. —Tranquila, ella está acostumbrada —me dijo. Pero a mí no me dejaba tranquila. Sentía que tenía que estar pendiente, cuidando, mirando. Pasó más rato. La música seguía, la gente también… pero ella ya no estaba bien. Terminó casi sin poder caminar. Ahí ya no lo dudé. —Vámonos mejor a tu departamento —le dije a la jefa—. Allá la ayudamos. Nos fuimos. En el departamento, la chica vomitó, se sentía pésimo. La acostamos y tratamos de dejarla tranquila. Esa noche cambió algo. Nos quedamos hablando con la jefa, largo rato. Ya no era solo trabajo. Ella me contaba sus cosas, yo las mías. Nos abrimos. Y sin darme cuenta, en medio de todo ese mundo raro, nos hicimos amigas. Porque, al final, teníamos más cosas en común de las que imaginábamos. Al otro día nos despertamos tarde. Yo estaba cansada, con el cuerpo pesado y la cabeza llena de todo lo que había pasado la noche anterior. —No voy a ir a trabajar hoy —le dije. Lo tomó bien. —Tranquila, yo tampoco iré. Quédate aquí y comemos juntas. Y así fue. Ese día nos quedamos las tres en el departamento. Sin apuros, sin horarios, sin presión. Solo nosotras. La chica que la noche anterior se había sentido mal también se quedó. Ya estaba mejor. Más tranquila. Más presente. Compartimos todo el día. Nos reímos, conversamos, comimos juntas… pero también, poco a poco, empezaron a salir las historias. Ella comenzó a contar su vida. Ahí entendí muchas cosas. No tenía a nadie. Su familia la había traicionado de distintas maneras. Tenía hijos, pero no los veía. Su mamá se hacía cargo de ellos… pero por lo que ella contaba, tampoco había sido una buena madre con ella. Era fría, cruel. Nunca tuvo ese apoyo que uno espera. Y en ese momento, todo empezó a calzar. Entendí por qué estaba en ese mundo. Entendí por qué consumía. Entendí por qué parecía tan fuerte, pero al mismo tiempo tan sola. No la justifiqué… pero la entendí. Después, mi jefa también empezó a abrirse conmigo. Me contó su vida, sus cosas, lo que había pasado, lo que había tenido que aguantar para llegar a donde estaba. Y ahí sentí algo claro. Que no era solo trabajo. Que ella también necesitaba a alguien. Apoyo. Compañía. Alguien que estuviera de verdad. Y sin darnos cuenta, en medio de todo eso, nos fuimos uniendo. Ya no era solo una jefa… ni solo compañeras. Nos hicimos amigas. De esas que nacen en lugares raros, en momentos inesperados… pero que se sostienen porque, en el fondo, todas estábamos buscando lo mismo: No sentirnos solas.
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Duda real y genuina: ¿como funciona el tema de las promos de las damas?
Y otros que estafan a las musas con el valor ….
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Kourtney, Libro de experiencias 🫶🏻
MI REALIDAD Volver a mi casa después de todo lo que había pasado se sentía extraño. Era como si estuviera viviendo dos vidas al mismo tiempo. Una donde todo parecía normal... y otra que nadie podía saber. Pensaba mucho en lo que me había sucedido. A ratos lo sentía injusto, como si me hubieran empujado a algo sin entender realmente en lo que me estaba metiendo. Pero al mismo tiempo también sentía que ya no podía hacerme la ingenua. Había aprendido demasiado rápido... y de la forma más dura. Ese día entendí algo que me quedó grabado para siempre: no debía confiar tan fácil en la gente. No en las promesas, no en las caras amables, no en las oportunidades que parecían perfectas. Porque a veces lo que se ve mejor... es lo que más te cambia la vida. En la casa todo seguía igual, pero yo no. Mi mamá empezó a preguntarme cosas sobre el trabajo. Quería saber dónde era, con quién estaba, si tenía uniforme, qué era lo que hacía exactamente. Preguntas normales... de mamá preocupada. Pero para mí cada pregunta era un nervio más. Sentía miedo... mucho miedo de que descubriera la verdad. Mi mamá siempre fue una mujer muy conservadora, de las que creen en hacer las cosas bien, en seguir las reglas, en vivir como dicen las escrituras. Iba a la iglesia, hablaba de valores, de respeto, de cuidar el cuerpo, de no desviarse del camino correcto. Y yo sabía que lo que estaba haciendo era todo lo contrario a la vida que ella soñaba para mí. Solo imaginar su cara si lo llegaba a saber me apretaba el pecho. Sentía culpa, vergüenza... y al mismo tiempo sentía que ya era tarde para volver atrás. No podía decir la verdad. No sabía cómo decirla... y tampoco quería. Así que le inventé una historia creíble. Le dije que trabajaba como captadora de perfumes caros, que promocionaba productos importados, que por eso tenía horarios raros y que a veces tenía que ir a departamentos o eventos privados. Mientras hablaba, trataba de sonar segura, tranquila, como si todo fuera normal. Ella me miraba con dudas... pero me creyó. Y en ese momento entendí que no solo estaba viviendo una doble vida afuera... también la estaba viviendo dentro de mi propia casa. Y eso... recién estaba empezando.
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Kourtney, Libro de experiencias 🫶🏻
No he visto la serie pero me imagino que las historias se deben parecer o quizás no ya que he sabido que en otros países es todo distinto aveces mejor o aveces peor 😭
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Duda real y genuina: ¿como funciona el tema de las promos de las damas?
En mi caso no realizo promos 😅 Pero la promos se ven cuando los días están lentos y siempre son martes y miércoles creo que es general que esos días las chicas suban promociones…. Se ponen de acuerdo para ese día no buscar chicas ? Jaj siempre me lo he preguntado.
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Kourtney, Libro de experiencias 🫶🏻
Así es , se aprende en el camino , yo tenía resien 18 años en ese entonces para mí fue un golpe duro pero me pasó solo esa vez luego. jamás lo acepté , y lo mejor que el tipo volvió y se lo dije personalmente ese es un capítulo más así que atentos 🫶🏻♥️
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Kourtney, Libro de experiencias 🫶🏻
Y me tocó a mí ….. Unos de mis días pensando que ya estaba preparada. Después de los primeros encuentros, creía que lo peor ya había pasado. Me repetía a mí misma que solo tenía que acostumbrarme, que era cosa de tiempo, que todo el mundo trabajaba en algo que no le gustaba al principio. Esa mañana llegué al departamento y todo se veía igual que siempre. Las chicas conversaban como si nada, algunas riéndose, otras mirando el celular, como si lo que hacíamos fuera el trabajo más normal del mundo. Esa normalidad me confundía, porque por dentro yo todavía me sentía fuera de lugar, como si no perteneciera ahí. Mi jefa me dijo que tenía un cliente reservado. No pregunté mucho, ya había aprendido que ahí una no elegía tanto, solo tenía que cumplir. Cuando me explicó lo que él quería, sentí un vacío en el estómago. Tenía que vestirme con una lencería estudiantil , con accesorios y dos moños , como parte de un juego que él había solicitado. Me quedé callada. Esperaba que dijera que era opcional, que podía negarme, que había otra persona que podía hacerlo... pero no. Me dijo que tenía que recibirlo así, porque él lo había pedido. En ese momento quise decir que no. Quise decir que no me sentía capaz, que eso no era lo que yo imaginaba cuando acepté ese trabajo. Pero no dije nada. Todavía era nueva. Todavía era ilusa. Y sobre todo... hacía todo lo que me decían, porque sentía que no tenía derecho a negarme. Me cambié en silencio. Mientras me ponía esa ropa sentía vergüenza, rabia, confusión... como si algo dentro de mí me gritara que eso no estaba bien, pero al mismo tiempo me repetía que para eso me estaban pagando. Cuando el cliente llegó, la incomodidad fue inmediata. Era un hombre mayor, de unos sesenta y cinco años más o menos, ya habia tenido unos encuentros muy normales con tipo de edad similar. De inmediato me sentí incómoda, No por su edad, sino por la forma en que me hablaba, por la confianza que tenía, como si yo fuera un personaje en su cabeza y no una persona de verdad. La hora se me hizo eterna. Sentía una angustia terrible en el pecho. Miraba el reloj a cada rato, esperando que terminara, tratando de desconectarme de lo que estaba pasando. En mi mente solo repetía una pregunta: ¿Por qué estoy haciendo esto? Sentía que no lo merecía. Sentía que en algún momento tomé una decisión sin entender todo lo que venía después. Hubo un momento en que me imaginé a mí misma desde afuera, como si estuviera viendo a otra persona en mi lugar. Y lo que sentí fue muy fuerte. Lo viví como si fuera una violación... con la diferencia de que yo había aceptado, y que me estaban pagando por eso. Cuando por fin terminó, salí de la habitación en silencio. Tenía un nudo en la garganta y el cuerpo tenso, como si hubiera estado aguantando la respiración todo el tiempo. Me fui directo donde estaban las otras chicas y les conté lo que había pasado. Les dije que había sido una experiencia fome, incómoda, que el tipo era un depravado, que me daba miedo pensar que alguien así podía tener hijas o nietas. Que no entendía cómo existía gente con ese tipo de gustos. Ellas se miraron entre ellas, y una de las más antiguas me dijo, casi riéndose, como si fuera algo obvio: Eso pasa más de lo que crees. —Por eso estamos aquí. —Él paga para no hacerle daño a alguien afuera. Otra agregó: Aquí la mayoría de los hombres son normales... vienen, pagan, se van y listo. —Pero siempre te va a tocar alguno raro. —Tipos con traumas, con fetiches, con cosas en la cabeza que no pueden hacer en su vida normal. Yo las escuchaba en silencio. Para ellas era algo cotidiano. Para mí... era un shock. Ese día entendí que este trabajo no solo era acostarse con desconocidos. Era meterse en la mente de personas que no conoces, cargar con cosas que no son tuyas, y hacer como si nada hubiera pasado. Me sentía mal, confundida, pero al mismo tiempo me repetía que tenía que aguantar. Que lo estaba haciendo por plata. Que lo estaba haciendo por algo mejor. Pero en el fondo sabía que algo dentro de mí se había quebrado ese día... y que ya no iba a volver a ser igual.
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Kourtney, Libro de experiencias 🫶🏻
Así es @Madeline901 se que más de una si no todas se sienten muy identificadas como siempre digo esto es plata rápida jamás ha sido fácil … así como aveces se disfruta también se sufre pero en silencio…es sufrimiento y angustia pagada 😓 Que triste tu primera vez te abrazo desde acá y espero que la experiencia y esa gran compañera aparezca en cada una de las chicas que resien comienzan por que siempre hay lobos vestidos de ovejas entre hombres y compañeras ♥️ CONOCIENDO HISTORIAS … Antes de que me pasara eso, ya había tenido varias conversaciones que, en su momento, no entendí del todo... pero después me hicieron más sentido del que me gustaría admitir. Con los días empecé a conocer más a las chicas. Ya no eran solo compañeras de trabajo, eran historias distintas, vidas que no se parecían en nada a lo que yo había imaginado cuando llegué ahí. Éramos pocas. En ese momento, solo otra chica, la jefa y yo. Eso hacía que todo fuera más cercano, más difícil de ignorar. Ella —mi compañera— de a poco se fue soltando conmigo. Me contaba cosas como si necesitara sacarlas de adentro. Tenía sus propias razones para estar ahí, su forma de ver el trabajo... mucho más asumida que la mía. Y mi jefa... de a poco también la fui viendo distinta. No era solo la mujer segura que manejaba todo. Detrás de eso había otra historia. Tenía dos hijos, eran niños... la mayor tenía apenas cinco años. Ninguno sabía realmente a qué se dedicaba. Para su familia, ella trabajaba en minería. Ese era su "trabajo oficial", el que podía decir sin tener que dar explicaciones, sin cargar con miradas. Un día, en una conversación más tranquila, me contó algunas cosas de su vida. No entró en detalles, pero fue suficiente para entender que no lo había tenido fácil. Había pasado por momentos duros, decisiones difíciles... y en algún punto, esto había sido lo que encontró para salir adelante. Ahí fue cuando algo en mí cambió. Dejé de verla solo como "la jefa" y empecé a verla como una mujer que, de alguna forma, estaba sosteniendo todo como podía. Y sin darme cuenta... empecé a sentir empatía. Pero al mismo tiempo... algo más apareció. Una especie de incomodidad conmigo misma. Porque mientras ellas tenían historias, cargas, motivos que las empujaban hasta ahí... yo no. Yo solo quería comerme el mundo. No tenía una historia dura detrás, no tenía una necesidad urgente que me obligara. Y aun así... estaba ahí. Aceptando plata rápida. No por supervivencia... sino por mis propios caprichos. Y eso, aunque no lo dijera en voz alta, me empezó a frustrar. Una tarde, mientras estábamos sentadas en la cocina del departamento, le pregunté algo que me daba vueltas hace días. —¿Y todos los clientes son iguales? —le dije, tratando de sonar relajada—. Porque hasta ahora... los que me han tocado han sido súper decentes, gente normal. Ella se rió, como si la pregunta fuera ingenua. —Ojalá —respondió—. Hay de todo. Algunos vienen solo a conversar, otros buscan cariño... y otros tienen cosas más raras. —¿Raras cómo? Me miró un segundo antes de responder, como midiendo cuánto decirme. —Fantasías. Cosas que no pueden hacer en su vida normal. Pero mientras no te falten el respeto y tú aceptes, es parte del trabajo. Esa frase se me quedó pegada: "mientras tú aceptes". Sonaba simple... pero en la práctica no lo era tanto. Otro día, estaba conversando con mi compañera. Yo todavía era nueva, todavía me sorprendían muchas cosas. —A veces llegan con cada idea... —me dijo, como si hablara de algo normal. La miré, curiosa, pero también un poco incómoda. —¿Como qué? Se rió un poco, pero no de gracia... más bien de costumbre. —Una vez me tocó uno que quería que actuara como un perro. Se me heló un poco el cuerpo, aunque traté de que no se notara. —¿Y... lo hiciste? Se encogió de hombros. —Sí... o sea, hasta donde quise. Igual una pone límites, pero... —hizo una pausa— por la plata a veces una cede más de lo que pensó que iba a ceder. No supe qué decir. —Y te acostumbras —agregó después—. Al principio todo te choca... después ya no tanto. No supe qué decir. Me quedé pensando en eso más de lo que me gustaría admitir. Esa noche, cuando me fui a mi casa , entendí que no se trataba solo de lo que pasaba con los clientes... sino de cómo una misma iba cambiando, casi sin darse cuenta. Complaciendo a los demás por dinero y no por gusto propio solo aceptar y cobrar.
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Kourtney, Libro de experiencias 🫶🏻
Aprendiendo por las malas… Después de ese primer día, todo cambió más rápido de lo que imaginé. Yo pensaba que me iba a costar, que me iba a sentir culpable, que en algún momento iba a querer salir corriendo… pero no pasó. Al contrario. Cada día se hacía más fácil. Tenía experiencias distintas todos los días. Cosas nuevas, situaciones incómodas, errores que me hacían aprender rápido, casi a la fuerza. Nadie me enseñó realmente cómo hacer el trabajo. Lo fui entendiendo sola, mirando a las otras chicas, escuchando, equivocándome y volviendo a intentarlo. Una de las primeras cosas que tenía que aprender era algo básico: cobrar antes de la atención. Parece algo obvio… pero cuando eres nueva, se te olvidan cosas. Y a mí, más de una vez, se me olvidó. Hasta el día de hoy me pasa. Pero hubo una vez, a los pocos días de empezar, que me marcó demasiado. Llegó un tipo que se veía decente. Bien vestido, tranquilo, educado. Lo atendí con normalidad. Fue simpático, buena onda, respetuoso… todo salió bien. Cuando terminó y se fue, me quedé ordenando la habitación, como siempre… y ahí me di cuenta. No le había cobrado. Sentí como si se me hubiera detenido el corazón. Lo llamé de inmediato para que se devolviera. Llamé una vez… dos veces… tres veces… Nunca respondió. En ese momento me empezó una angustia que no puedo explicar. Lo único que pensaba era: ¿qué le voy a decir a mi jefa? ¿qué va a pasar ahora? ¿quién va a pagar la habitación? Salí de la pieza temblando. Mi jefa no estaba ahí, así que les conté a las otras chicas lo que había pasado. Me miraron con cara seria y me dijeron: —Llámala… tienes que decirle. La llamé con un nudo en la garganta. Le expliqué todo, esperando que entendiera que había sido un error. Pero su respuesta fue clara. Tenía que hacerme responsable igual. En el fondo la entendí. Podía pensar que yo me estaba haciendo la loca. En este ambiente, nadie confía en nadie. Pero no era así… y aun así tuve que hacerme cargo. Me quedé con una tristeza que no se puede explicar. Un apretón en el pecho, una sensación de vergüenza, de rabia, de sentirme pasada a llevar. Ese día entendí que aquí nadie te iba a cuidar. Si te equivocabas, pagabas tú. Después de eso empecé a entender cómo funcionaba todo. Los clientes, los tiempos, las reglas, lo que tenía que decir y lo que no. Aprendí mirando, practicando, equivocándome y levantándome sola. Nadie me enseñó realmente. Fui yo la que se fue adaptando. Me mentalicé de que esto era un trabajo, nada más. No amor, no sentimientos, no preguntas. Solo trabajo. Había días en que me sentía rara, sí… pero aprendí a seguir igual. Sentía que por fin tenía el control de mi vida, aunque en el fondo sabía que no todo era tan simple. Lo que más cambió fue mi forma de pensar. Antes me daba vergüenza todo. Ahora ya no. Antes me asustaban los desconocidos. Ahora hablaba con ellos como si nada. Antes pensaba que nunca podría hacer algo así… y ahora lo hacía todos los días. Y mientras más lo repetía, más normal se volvía. Ahí fue cuando entendí algo que me marcó mucho: Uno no cambia de un día para otro… pero cuando te das cuenta, ya no eres la misma persona.
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Kourtney, Libro de experiencias 🫶🏻
Día superado El primer día que trabajé de verdad no fue como lo imaginé. Pensé que iba a estar nerviosa todo el tiempo, que me iba a arrepentir o que algo iba a salir mal... pero no. Me fue bien. Demasiado bien para ser el primer día. Mientras volvía, pensaba que si todos los días eran así, en poco tiempo podría cumplir uno de mis sueños: tener una moto, o un auto, algo para poder moverme sola. Por primera vez sentí que la plata podía llegar rápido, y eso me hizo convencerme de que todo iba a fluir. En el departamento había más chicas. Todas distintas, pero había algo en común: ninguna hacía muchas preguntas. Yo, en cambio, quería hacerlas todas. Quería saber cómo habían llegado ahí, qué les habían dicho en sus casas, si sus familias sabían, si alguien sospechaba... quería tener una idea de cómo enfrentar lo mismo en mi propia vida. Pero me quedé callada. Preferí observar. Con el tiempo las iría conociendo igual. Al principio me sentía fuera de lugar, como si se notara que yo recién estaba empezando. Ellas hablaban de clientes, de turnos, de dinero, de adicionales... tenían su propio lenguaje, su propio diccionario para lo que hacíamos. Había palabras que nunca había escuchado. Como la famosa "americana". Yo siempre pensé que era como la americana de un completo... algo sin importancia. Pero no. El significado era mucho más profundo... y mucho más intenso. Y ellas hablaban de todo eso con total naturalidad, como si fuera cualquier trabajo. Una de ellas me dijo: —Tranquila, después te acostumbras. Notó mi cara de confundida y me preguntó si entendía lo que estaban hablando. Le dije que no, y ahí empezaron a explicarme cosas que yo, con mis primeros clientes, ni siquiera había hecho. Habían servicios que se suponía que iban incluidos, pero nadie me lo dijo. Y yo tampoco pregunté. Cosas que en mi vida normal jamás habría hecho... como que terminaran en mi boca. Ella lo dijo sin dramatizar, como algo obvio. Como parte del trabajo. Me costó mucho procesarlo. Sentí incomodidad, vergüenza, incluso rabia. Porque nadie me había preguntado si yo hacía eso o no. Simplemente se asumía. En ese momento me sentí vulnerable. Como si por ser nueva, nadie se preocupara de explicarte nada y solo esperaran que te adaptaras. Ahí entendí que en este mundo muchas veces las chicas nuevas pasan por lo mismo. Por no saber, por no tener experiencia, por no tener a quién preguntarle... terminas aceptando cosas que nunca imaginaste. Con el tiempo empecé a observarlas más. Había algunas más serias, otras más cercanas, otras que parecían no tomarse nada tan en serio. No éramos amigas... pero sí había una especie de acuerdo silencioso. Todas sabíamos en lo que estábamos. Y todas sabíamos que eso se quedaba ahí. Ese día atendí a más de un cliente.Y cuando terminé, me pasaron el dinero de inmediato. En efectivo. Lo miré varias veces antes de guardarlo. No podía creer que fuera tan rápido. Nunca había tenido tanta plata junta en mis manos por un día de trabajo quedé wow. Sentí emoción... pero también algo difícil de explicar. Como una mezcla entre adrenalina y vacío. En vez de irme directo a la casa, pasé a comprar cosas. Compré mercadería, pan, cosas dulces, cosas para tomar once con mi mamá. Ella me estaba esperando feliz por mi primer día de "promotora". Compré de todo, sin pensar mucho. Con la inocencia de alguien que todavía no mide las consecuencias. Cuando llegué, mi mamá me miró distinto. No enojada...pero con duda. —¿Y todo eso? —me preguntó. Y yo respondí lo primero que se me ocurrió: —Me pagaron el turno al tiro. Ni siquiera sabía si sonaba creíble. Se quedó callada unos segundos, como haciendo cuentas en la cabeza.Porque en un trabajo normal no te pagan el primer día.Y menos así. Lo dudó.Se notaba. Pero no dijo nada más. Creo que en el fondo no quería imaginar otra cosa. No quería pensar que su hija menor podía estar en algo así. Y yo tampoco quería que lo hiciera. Entré a mi pieza, cerré la puerta, y saqué el dinero de nuevo. Lo dejé sobre la cama. Me quedé mirándolo en silencio. Y ahí lo entendí. Esto ya no era algo pasajero. Ese día no solo había ganado plata. Había cruzado una línea. Y lo más fuerte...era que no estaba segura de querer volver atrás.
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Kourtney, Libro de experiencias 🫶🏻
Jajajaj y cuáles son esos :( no he tenido regalón máximo Hehehe 🤭 Jajajajaj una grande isabel Allende 💞 Esa es la idea principal que puedan ver todo desde nuestro punto de vista que para todas es dintinto 💞🤫 Así es. la idea es opinar, preguntar , un pasa tiempo y entendernos entre todos 🫶🏻
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Kourtney, Libro de experiencias 🫶🏻
MI PRIMER CLIENTE Ese día me avisó que el cliente iba a llegar al departamento. Me explicó cómo tenía que hacer todo: esperar tranquila, abrir la puerta, hacerlo pasar y llevarlo a la habitación que tenían preparada. Era un lugar donde trabajaban varias chicas, con piezas separadas y cada una con su baño, todo organizado como si fuera algo completamente normal. Yo estaba nerviosa, pero trataba de que no se notara. Me arreglé como me habían dicho, me puse la lencería, me maquillé más de lo habitual y me miré varias veces al espejo. Sentía que estaba actuando, como si estuviera interpretando a otra persona. Pasó un rato hasta que sonó el timbre. El corazón se me aceleró al instante. Caminé hasta la puerta intentando recordar todo lo que me habían explicado, respiré hondo y abrí. Era un chico joven, de unos veinticinco años más o menos. Alto, con rulos, bien vestido, limpio. Se veía educado, tranquilo, incluso tímido. Nicolás... cómo olvidarlo. Dicen que el primer amor nunca se olvida, y creo que esto era algo parecido, pero no por amor... sino por la decisión. Fue la primera vez que crucé una línea que sabía que no tenía vuelta atrás, y por eso su cara se me quedó grabada más que cualquier otra. Eso me sorprendió. Yo había imaginado algo mucho peor, alguien desagradable, alguien que me hiciera querer salir corriendo. Pero al verlo pensé que tal vez no sería tan difícil. Hasta se me pasó por la cabeza que era pan comido. Que si todos eran así, quizás podía acostumbrarme. Lo hice pasar y lo llevé a la habitación, como me habían indicado. No fue como lo imaginé. Me comenzó a besar, algo normal para mí, pensé: es un beso, ¿qué más da? Después empezó a pasar su mano entre mis piernas y ahí me quedé confusa. Me sentía rara, ansiosa, como si mi cuerpo estuviera ahí pero mi cabeza no. Aun así seguí el juego... total, ya tenía el dinero asegurado. No fue como me lo habían explicado. Fue más frío, más rápido, más extraño... como si mi mente estuviera en otro lado mientras todo pasaba. Cuando llegó el momento en que todo iba a avanzar de verdad, me bloqueé. Me preguntó con toda naturalidad: —¿Tienes condones? Yo me quedé en blanco. No sabía qué hacer, nadie me había explicado esa parte, o tal vez sí, pero en ese momento no recordaba nada. Le dije, nerviosa: —¿No trajiste? Se largó a reír, pero no de mala forma, más bien sorprendido. —Chica, tú tienes que tenerlos. Sentí una vergüenza enorme. Salí de la habitación apurada, casi sin mirarlo, y fui donde estaban las otras chicas. Les dije lo que pasaba y ellas, como si fuera lo más normal del mundo, me pasaron preservativos y me dijeron tranquila, que a todas les había pasado algo parecido la primera vez. Volví a entrar con el corazón latiendo fuerte. Ni siquiera sabía cómo poner un condón, y eso me ponía más nerviosa todavía. Al final él mismo lo hizo, con calma, como si entendiera que yo recién estaba empezando. Después de eso, todo fluyó. Yo seguía nerviosa, tensa, pensando demasiado en cada cosa, pero nada terrible pasó. No fue tan dramático como lo había imaginado, tampoco fue algo bonito... fue simplemente mi primera vez trabajando. Cuando terminó, me quedé unos segundos en silencio. Ahí entendí que ya había cruzado la puerta. Que ya estaba dentro. Y que desde ese momento, mi vida iba a ser distinta, aunque todavía no supiera cuánto.
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Kourtney, Libro de experiencias 🫶🏻
El comienzo… Ese día me dijo que, si iba a empezar, tenía que hacerlo bien desde el principio. Me explicó que los clientes no llegaban por casualidad, que todo funcionaba como un sistema. Había contactos, recomendaciones, personas que ya sabían a quién llamar cuando llegaba una chica nueva. Lo primero que me pidió fue que me arreglara. Me dijo ponte ropa interior, lencería, tacos altos. que tenía que verme segura, aunque no lo estuviera. Que los clientes buscaban mujeres que parecieran decididas, no asustadas. Me tomó fotos en paños menores, posando como ella me indicaba. Yo me sentía rara, incómoda, pero trataba de no demostrarlo. Mientras sacaba las fotos, me decía que era normal, que todas pasaban por lo mismo la primera vez. Después se sentó conmigo y me explicó cómo funcionaban los tiempos. Que los encuentros tenían una duración, que era todo normal. que debía avisarle cuando llegara y cuando terminara,que siempre tenía que verme tranquila. Hablaba de todo como si fuera cualquier trabajo. Antes de irme me dijo algo que todavía recuerdo. —Voy a avisar que tengo una chica nueva... les vas a gustar. A sus clientes frecuentes. No supe qué responder. Sentí nervios, miedo, pero también esa sensación de que ya no había vuelta atrás. Pasaron unos minutos... Estaba mirando el teléfono todo el tiempo, sin saber si quería que sonara o que no. Hasta que llegó el mensaje. Tenía cliente. En ese momento sentí el corazón en la garganta. Pensé en decir que no, pensé en inventar una excusa, pensé en irme. Pero no lo hice. Me volví a arreglar, me miré al espejo varias veces, tratando de convencerme de que podía hacerlo. Que era solo trabajo. Que no era tan grave. Que después de la primera vez todo sería más fácil. Esa noche salí sabiendo que mi vida estaba cambiando. Y así fue como comenzó mi primera vez en ese mundo... un mundo que al principio parecía solo dinero fácil, pero que poco a poco se iba a volver mucho más grande de lo que imaginaba.
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MI DECISIÓN Esa noche no pude dormir. Después de la entrevista, volví a mi casa con la cabeza llena de preguntas. No entendía bien cómo había terminado escuchando una oferta así, ni por qué, en vez de asustarme y olvidarlo, no podía dejar de pensar en el dinero que me habían dicho que podía ganar. Intenté convencerme de que no era para mí. Me repetía que yo había ido a buscar trabajo de promotora, algo normal, algo simple... pero al mismo tiempo pensaba en todo lo que necesitaba. Quería independencia, quería ayudar en mi casa, quería tener cosas que hasta ese momento no podía comprarme. Pasaron unos días, pero la idea no se me iba. Sentía miedo... pero también curiosidad. Y sobre todo, sentía que esa podía ser una oportunidad para cambiar mi vida rápido. Al final, fui yo la que volvió. Volví al mismo lugar donde había ido a la entrevista. Cuando entré, la mujer me miró como si supiera que iba a regresar. —Sabía que ibas a pensarlo bien —me dijo—. Aquí nadie viene obligada. Me explicó otra vez cómo funcionaba todo, pero esta vez yo escuché distinto. Ya no estaba sorprendida... estaba decidiendo. Le dije que sí. No fue un momento dramático, ni pasó nada especial. Solo dije que aceptaba la oferta, como si estuviera firmando para cualquier trabajo. Pero por dentro sabía que estaba cruzando una línea que no se podía borrar. Ese mismo día me dijo que podía empezar pronto, que primero tenía que conocer el lugar donde trabajaban las chicas. No pasaron muchos días. Me llevó a un departamento y me dijo que ahí estaban las demás, que me iban a explicar todo con calma. Cuando entré, vi a varias chicas en el living, arregladas, maquilladas, riéndose como si estuvieran en una reunión normal. Eso fue lo que más me impactó... Nada parecía tan terrible como yo lo había imaginado. Me senté con ellas y empezaron a contarme cómo era el trabajo, cómo hablar con los clientes, cómo comportarme, cómo verme segura aunque por dentro estuviera nerviosa. Y diciéndome que me iría la raja... que soy lo que buscan. Joven y 'nueva'. Yo escuchaba todo en silencio. Hasta que entendí que ese ya no era un ensayo. Ese era mi primer día. Y aunque tenía miedo... no me fui.
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Sii esa es la idea 💡 ojalas vean todo desde nuestra vereda … es entretenido pero no siempre 🤫 EL DEPARTAMENTO Después de la entrevista pensé que el trabajo era de promotora, algo relacionado con eventos o con atender clientes en lugares finos. Nunca me dijeron nada raro en ese momento, solo que se ganaba bien y que necesitaban chicas con buena presencia. Cuando terminamos, la misma mujer me dijo: —Si quieres, vamos ahora a un departamento donde están las otras chicas. Ahí te explico mejor de qué se trata el trabajo. No lo pensé mucho. Me subí con ella y fuimos directo. Durante el camino yo iba tranquila, incluso curiosa. Pensaba que iba a conocer a mis futuras compañeras, que me iban a explicar horarios, pagos, cosas normales de cualquier trabajo. Pero cuando llegamos, el ambiente era distinto. Era un departamento bonito, ordenado, pero se sentía raro. Habían dos chicas, arregladas, hablando entre ellas, tomando un café con calefacción y muy cómodas en un sillón. Ninguna parecía sorprendida de verme. Ahí fue cuando me senté con la mujer que me había llevado. Me habló directo, sin vueltas. —Aquí los clientes pagan por estar con las chicas. —Van al departamento, o ustedes van donde ellos. —Y sí... el trabajo es acostarse con ellos. Sentí un golpe en el pecho. La miré sin saber si estaba hablando en serio. No entendía cómo habíamos pasado de una entrevista de promotora... a eso. Ella siguió explicando como si fuera lo más normal del mundo. ahora entiendo por qué. Que eran hombres con plata. Que todo era discreto. Que nadie me iba a obligar. Que si no quería, me podía ir en ese mismo momento. Y eso fue lo que más recuerdo. Que podía irme... pero no me fui. Miré el departamento. Miré a las otras chicas. Pensé en la plata que me había dicho que se ganaba. Pensé en mi vida en ese momento. Y dije que quería probar. Ese día no me enseñaron nada. Nadie me explicó cómo hacerlo, ni cómo tratar a los clientes, ni cómo moverme en ese mundo. Lo aprendí sola. Mirando. Equivocándome. Practicando. Aguantando cosas que nunca pensé que iba a vivir. Ese fue el día en que entré a ese mundo... sin saber que después salir no sería tan fácil.
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LA OFERTA Cuando llegué a la entrevista, todo me pareció extraño desde el principio. No era una oficina como imaginaba, ni había más chicas esperando como en otros trabajos. El lugar era discreto, silencioso, demasiado elegante para ser solo una agencia de promotoras. Aun así, me quedé. Tenía 18 años, muchas ganas de ganar dinero y esa sensación de que algo grande estaba a punto de pasar. La mujer que me recibió me miró de arriba abajo con una sonrisa que no supe interpretar. Me preguntó mi edad, si vivía sola, si tenía problemas económicos... preguntas que en ese momento me parecieron raras, pero no lo suficiente como para irme. Luego dijo algo que me cambió todo. —Aquí puedes ganar en una noche lo que otras ganan en un mes. Sentí un golpe en el estómago. No entendí de inmediato, pero lo intuía. Había escuchado historias, rumores, cosas que una cree que nunca le van a pasar a una misma. Le pregunté directamente de qué se trataba. Ella no dudó. —No es promotora... es escort. La palabra quedó en el aire. Nunca la había escuchado tan cerca, tan real, tan dirigida hacia mí. Mi primera reacción fue decir que no. Pero no me levanté de la silla. Pensé en el dinero. Pensé en lo difícil que había sido todo hasta ese momento. Pensé en que nadie tenía que saberlo. Ella me habló con calma, como si ya supiera que yo no me iba a ir. —Tú decides hasta dónde. Nadie te obliga. Pero si entras, tu vida cambia. Y tenía razón. Ese día todavía no lo sabía... pero esa puerta que estaba a punto de cruzar no tenía regreso. Salí de la entrevista confundida, asustada... y también tentada. Porque por primera vez en mi vida, tanto dinero parecía estar al alcance de mi mano. Y eso fue lo que hizo que volviera.
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Kourtney, Libro de experiencias 🫶🏻
Jajaj duérmete que mañana nos toca piernas y glúteos 🏋️♀️🏋️♀️🏋️♀️
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LA ENTREVISTA Tenía 18 años recién cumplidos cuando todo empezó. A esa edad uno cree que el mundo es más simple de lo que realmente es. Yo solo quería ganar dinero, ayudarme sola y no depender de nadie. Quería mi libertad, quería mi propia historia,quería volar sin imaginar en la manera que ocuparía mis alas. Vi el aviso en internet. Decía que buscaban promotoras, buena paga, horarios flexibles, buen ambiente. Nada raro. Nada que me hiciera pensar que ese día iba a cambiar mi vida. Recuerdo que dudé antes de escribir. No porque pensara que era algo malo... sino porque la oferta era demasiado buena. Me respondieron rápido. Demasiado rápido. Me dieron una dirección y una hora para la entrevista. No era una oficina como imaginaba. Era un café en un buen barrio del gran Santiago, bonito, ordenado, con olor a cafe caro. Ahí fue la primera vez que sentí que algo no era exactamente lo que parecía ¿por qué me citaron solo a mí? ¿En un café? Que trabajo es este lo dude... pero ya estaba ahí. La mujer que me recibió me miró de arriba abajo, como evaluando algo más que un currículum. Muy amable me pidió que me sentara y me pidiera algo de la carta. La miré con dudas y lo acepté . Estaba en un lugar público ¿qué podía pasar? Desde mi cartera empiezo a sacar mis papeles de presentación y ella con una mirada de risa me dijo no te preocupes jaja después vemos eso.. quedé intrigada y atenta a lo que venía después. —Aquí puedes ganar mucho dinero —me dijo—, pero no es un trabajo para cualquiera. No entendí de inmediato. Pensé que se refería a eventos, a clientes exigentes, a cosas normales.Hasta que me explicó. No era promotora. No era eventos. No era lo que yo creía. Era escort. No tenía idea de su significado, jamás lo había escuchado. Le dije ¿de qué?.Sentí que el estómago se me apretaba.Quería decir que no, sentía que era algo ilegal o prohibido.Me habla ....es para ganar mucho dinero.Dije ok necesito saber más...no podía dejar de pensar en la cantidad de dinero que me estaba diciendo.En mi casa nunca sobraba nada.Yo quería independencia.Quería poder comprar mis cosas, ayudar, no pedir permiso.Ese fue el momento exacto en que entendí que tenía que decidir si me iba... o si cruzaba una puerta que después no se podía cerrar tan fácil.Y me quedé.No porque fuera valiente.No porque estuviera segura.Me quedé porque el dinero sonaba más fuerte que el miedo.Ese día no me convertí en escort.Ese día solo di el primer paso sin saber hasta dónde iba a llegar.Y no tenía idea...de que años después iba a estar del otro lado, haciendo entrevistas yo.
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Kourtney, Libro de experiencias 🫶🏻
Bueno como siempre me lo dicen que escriba un libro con la vida y experiencias que he tenido … me atreví hacerlo y espero que den sus opiniones y lean para que conozcan un poquito más de nuestras experiencias … altos,bajos y un sin fin de cosas ♥️ pueden preguntar no hay problema y podemos crear un espacio de lectura y respeto hacia nosotras … igual están invitadas las chicas a participar y leer para así comentar que han tenido alguna experiencia similar,mejores y peores … todo es válido sin juzgar… el libro no está completo va por partes pero aquí vaaaa.⚡️🫶🏻 No todas las historias comienzan con un sueño. Algunas empiezan con una necesidad. Mi nombre no es Kourtney... pero así decidí llamarme el día que entendí que la mujer que era antes ya no me iba a servir para sobrevivir. Tenía miedo, tenía dudas, tenía vergüenza... pero también tenía algo más fuerte: hambre de libertad. Lo que empezó como una decisión desesperada se transformó en un mundo que pocos conocen de verdad. Un mundo de secretos, dinero rápido, hombres poderosos, mentiras bien vestidas... y mujeres que aprenden a ser fuertes aunque nadie les enseñe cómo. Esta no es una historia de fantasía. Es la historia de cómo una mujer común entró a un mundo prohibido... y terminó convirtiéndose en alguien que nunca imaginó: escort, dueña de agencia, madre, mujer, sobreviviente. Aquí no todo es placer. Aquí también hay soledad, competencia, traiciones... y decisiones que cambian la vida para siempre. Esta es mi historia. O al menos... la versión que me atrevo a contar.
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Jajaja el rosa en honor a mua 💞🫶🏻